Las series están para entretenernos, es cierto. Pero, de la misma manera en que lo hicieron (y lo siguen haciendo) muchísimas otras producciones audiovisuales, también pueden poner sobre la mesa un número importante de cuestiones que necesitan ser revisadas.

La responsabilidad afectiva, el poliamor o la monogamia son algunos de los conceptos que más resuenan en estos tiempos y que nos han llevado a analizar y replantearnos desde los cimientos, tanto a nivel general, como en el espectro individual, qué esperamos de nuestras relaciones, bajo qué códigos las forjamos y cómo nos movemos dentro de ellas. Lejos de las pretensiones, dejando a un costado el idealismo y la fantasía, estas series nos invitan a disfrutar desde una perspectiva moderna, pero cotidiana, los muchos grises que se entretejen en las relaciones humanas.

1. Lovesick

En algún momento se la conoció como Scrotall Recall, y así como agradecemos el cambio de nombre, también lo hacemos por su aparición. Creada por Tom Edge (Judy), Lovesick es una serie británica que empezó a emitirse en 2014 para finalizar con una tercera temporada en el 2018. La historia se desarrolla en la ciudad escocesa de Glasgow y se centra en Dylan (Johnny Flynn, Stardust), un veinteañero que descubre que tiene clamidia y, tras su diagnóstico, empieza a rastrear a todas las mujeres con las que tuvo relaciones sexuales para tenerlas al tanto de la situación. Pero, como sentenció el poeta inglés John Donne, ningún hombre es una isla, por lo que el curso de la vida de Dylan está acompañado por su grupo de amigos: Luke (Daniel Ings, The English Game), Evie (Antonia Thomas, Misfits) y Angus (Joshua McGuire, Love, Nina). Con frescura, muchos tintes de parodia y saltos en el tiempo, Lovesick refleja las vicisitudes que tan caprichosamente influyen en las relaciones, y cómo éstas marcan el crecimiento personal de cada uno de los personajes.

2. Please Like Me

Josh Thomas es un comediante australiano que, desde hace ya tiempo, está pisando fuerte. Fue varias veces galardonado por sus shows de stand up, y participó en un gran número de programas de la televisión australiana. Sin embargo, fue 2013 el año en el que marcó un antes y un después en su carrera, con el estreno de Please Like Me. Creada y protagonizada por él mismo, Please Like Me tiene su punto de partida en Josh, un chico en sus veintitantos que, tras la frustración que le supone una abrupta ruptura con su novia, descubre que es gay.

A partir de esa instancia, y lejos de los repetitivos tópicos que muchas veces se inscriben en los dramas juveniles, vemos a Josh siendo permanentemente influenciado por sus vínculos: Claire (Caitlin Stasey), su ex, que es ahora su mejor amiga; Tom (Thomas Ward), el amigo con el que convivía y que tiene una relación de amor-odio con su propia novia; o Rose (Debra Lawrance), su madre con depresión, entre otros personajes que, como en la vida misma, aparecen para señalar un camino que nada tiene de lineal ni de armonioso, sino que, muy por el contrario, se hilvana con un gran número de decepciones, duelos e intentos fallidos. Compuesta por cuatro jugosas temporadas, Please Like Me aborda, entre la comedia y el drama, temas como la amistad, el divorcio, los trastornos psicológicos o el aborto, con la sinceridad que estos tiempos urgentemente demandan. (Plus: también cuenta con la participación especial de la gran Hannah Gadsby.)

3. Easy

Todas las relaciones tienen puntos de conflicto, y eso es lo que Easy viene a mostrar. Fue estrenada en 2016 y estuvo bajo la dirección de Joe Swanberg, el mismo que dedicó buena parte de su carrera a crear y dirigir un número importante de películas y capítulos de series independientes, como Love o Digging for Fire. Con un reparto lleno de rostros conocidos (que van desde Dave Franco hasta Elizabeth Reaser u Orlando Bloom), Easy se desarrolla a modo de antología con tres temporadas de ocho episodios cada una. En cada episodio, y con una duración que raramente supera los treinta minutos, se pone en manifiesto un argumento diferente, que toca aspectos elementales de las relaciones y temas de actualidad. El veganismo, las relaciones abiertas, los celos, el sexo, los problemas laborales, las aplicaciones de citas y los vínculos familiares, son algunos de los tópicos que Easy explora con naturalidad y sin intenciones de presentar ningún tipo de solución. Al fin y al cabo, tampoco sería posible: al hablar de relaciones, poco se puede hacer más que aprender.

4. Girls

Antes hablamos de Josh Thomas y la importancia de su relato para poner en práctica toda una nueva forma de contar historias en televisión. Ahora es el turno de Lena Dunham, actriz, guionista y directora estadounidense que, a sus veintiséis años, ganó especial reconocimiento por gestar Girls, nada más y nada menos que para HBO. Aunque hoy en día sea un poco más fácil agudizar la mirada a la hora de detectar muchas de las problemáticas sociales que nos aquejan, allá por 2012, la aparición de una serie como Girls fue el elemento disruptivo necesario para toda una generación que hasta entonces no había tenido una representación sólida.

La serie, que cuenta con seis temporadas, sigue las vidas de un grupo de amigas veinteañeras de clase media en la ciudad de Nueva York y, si bien podría detenerse sobre esa superficie, el relato cala más hondo con el desarrollo de historias en ocasiones insoportablemente humanas, que ponen de manifiesto la complejidad (a veces, el dolor) con la que se viven las relaciones, el sexo y la amistad en la juventud, especialmente en esa década bisagra que son los veinte, y que se muestra tan esperanzadora como amenazante.

Hannah (interpretada por la misma Lena Dunham), Marnie (Allison Williams), Jessa (Jemima Kirke) y Shoshanna (Zosia Mamet) son las protagonistas de Girls, que también cuenta con la participación de Adam Driver (Marriage Story) en el papel del extraño y entrañable Adam. Finalizada hace ya tres años, Girls logró catapultarse como una de las series más importantes de la televisión actual, atreviéndose a mostrar en pantalla (por fin y sin tapujos) la diversidad de cuerpos, problemas raciales y de clase, sexo incómodo, pelos y situaciones cuestionables.

5. High Fidelity

En el año 2000 se estrenó High Fidelity, una comedia dirigida por Stephen Frears (Victoria & Abdul, Philomena) y protagonizada por un muy joven John Cusack, que nos contaba la historia de un fanático de la música atravesando una de las rupturas más intensas de su vida. Veinte años después y bajo la batuta de Sarah Kucserka y Veronica Becker (Mercy, Ugly Betty), aparece la adaptación moderna, esta vez en el formato de serie y con una diferencia sustancial: el papel protagónico le pertenece a una mujer, Rob, interpretada por Zoë Kravitz (Big Little Lies). Esta distinción hace que, aún partiendo desde la misma premisa, la historia adquiera una nueva perspectiva. Ahora es ella, dueña de un local de discos y quien, al término de su noviazgo, empieza a hacer un repaso de las rupturas más dolorosas de su vida para poder entender con mayor claridad la naturaleza de sus relaciones amorosas.

Sin embargo, la narración no deja de ser novedosa desde un lente más moderno, en el cual inevitablemente se imprimen nuevos códigos a la hora de vincularse. En esta versión se sostiene buena parte de la magia de la película de Frears: una banda sonora increíble, personajes cautivadores, y la complicidad de participar, de alguna forma, en el proceso emocional que atraviesa el personaje principal gracias al rompimiento de la cuarta pared. Con todos estos elementos y retomando la propuesta de la comedia de Cusack, High Fidelity nos deja algunos planteos acerca de la compatibilidad en el amor, y el qué queda detrás cuando las cosas no funcionan.

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