Es domingo y el plan es mirar una peli romántica. Elijo una de las últimas que sacó Netflix:
Holidate. Ya sé qué va a suceder, dónde y cómo, y aun así no me la creo. Una amiga que también la vio la define “como una porquería” y me tranquiliza saber que no soy la única que piensa así. Pero eso me lleva a preguntarme qué es lo que está pasando con las películas de amor, con el amor en general, conmigo, con mi amiga, y por eso decido responder al menos algunas preguntas, hablando con Milagros Amondaray -redactora, crítica de cine y TV, y autora de Que la corriente me arrastre.

Milagros me dice que hay una “nostalgia hacia los narradores que se fueron” y me nombra a Nora Ephron, la directora y guionista de Sintonía Amor, Tienes un e-mail y Cuando Harry
conoció a Sally, entre otras. Me habla de las actrices: “me parece que el alma de las películas también son las mujeres”, y me enumera a algunas: “no volvieron a surgir actrices con el carisma que podíamos encontrar en Katharine Hepburn, Carole Lombard, Meg Ryan, Julia Roberts”.

Milagros Amondaray

Julia Roberts me lleva a Notting Hill y a Pretty Woman, películas de mi adolescencia. Las
comparo con la segunda película romántica que miro en el fin de semana: The Choice, basada en una de las novelas de Nicholas Sparks. La película es una sucesión de imágenes
bonitas y lugares comunes, tan comunes y predecibles que, cuando estoy llegando al final, me tomo el atrevimiento de adelantarla. Las historias de amor tendrían que mantenernos al borde de la silla, ansiosos por ese beso, ese reencuentro, esa ruptura, esa despedida. Y, sin embargo, termino adelantado de a diez segundos para ver si algo en la pantalla me ayuda a regresar.

“Me parece que faltan voces autorales”, dice Milagros Amondaray. “El consumo masivo a
través de las plataformas de streaming hace que una no se diferencie de la otra, lamentablemente. Que algunas sean muy buenas, pero son como variaciones de lo mismo”.
Puede ser que en las películas románticas busquemos lo mismo que en la vida: lo auténtico. Directores, guionistas, actores y actrices que logren una ficción tan similar o tan distante de lo real que se vuelvan verosímiles. Milagros define las películas actuales como “películas fugaces”. En un mundo en donde todo está a la distancia de un click, donde el exceso de información y de oportunidades nos abruma, donde las redes nos generan stress y ansiedad, donde las formas de amar establecidas se cuestionan y se comienzan a reconstruir más abiertas, más libres, más sanas, es difícil narrar historias de amor si no hay sinceridad. Para amar se necesita coraje y para contar historias de amor, también.

3 recomendaciones por Milagros Amondaray:

Lo que sucedió aquella noche

Cuando Harry conoció a Sally

 

Long shot

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