Luego de la devastadora Primera Guerra Mundial, y con la esperanza de comenzar una nueva vida, Rachela, una joven campesina de familia religiosa, zarpa de Varsovia rumbo a tierras extranjeras en un viaje que cruza el Atlántico hasta las lejanas costas de América del Sur. A lo largo de esta travesía, ella no estará sola: la acompañan su prometido, Schlomo (también polaco y de religión judía), que supo construir su negocio de importaciones en Argentina; y su futura cuñada y tutora, Mignón, otra joven compatriota, que se ocupa de administrar el fructífero comercio de pieles de su hermano. Sin embargo, lo que prometía ser un viaje de liberación, terminará por someter a estas dos mujeres, atrapadas en una red de poder y corrupción que las dejará a merced de criminales dispuestos a explotarlas hasta despojarlas de su condición humana.

La temática de género que aborda la obra enmarcada en la década de 1930, es un espejo de la realidad contemporánea que padecen cientos de mujeres todos los días en nuestro país y en el mundo.

“La prostituta siempre es algo que, por mi condición de mujer, me atrajo mucho, tanto su universo, como la construcción de su ideología, y, a su vez, la postura siempre tan compleja donde se encuentra atrapada, o no, eso se puede discutir a raíz de varias posturas, que defienden el hecho que una mujer decida sobre su cuerpo, y lucrar con él, o la posición extrema abolicionista, que plantea que, sin clientes no hay trata, y la mujer no debe ser sometida a este tipo de explotación sexual”, comenta Mirén Ramondegui, directora de la obra.

  • ¿Cuán necesario es el impacto de esta obra ante la sociedad para vos, en estos tiempos?

Es fundamental todo el tiempo estar replanteándonos las condiciones históricas a las cuales las mujeres hemos sido sometidas, engañadas, explotadas, y el hecho de que hoy se pueda hablar de estos temas, exponer, representar y visibilizar esta parte de la historia que durante muchos años fue silenciada, es algo sumamente importante, que tenemos que valorizar. En su tiempo, en 1930, las mujeres que hablaban eran silenciadas brutalmente, o directamente no se las tenía en cuenta, porque la prostituta era considerada como un objeto de placer, no una persona en sí. Entonces, a la luz de las coyunturas sociales que atravesamos, es sumamente importante seguir planteando esta problemática que sigue tan vigente. La trata de personas pasa desde tiempos inmemoriales, y sigue sucediendo, ya no distingue de género, ni edad, ni raza, ni religión. Es un llamado de atención también para todas las instituciones y autoridades que en su momento estuvieron implicadas. La trata tiene un montón de aliados, tenemos que seguir esta lucha y, a través del arte podemos cambiar nuestra concepción de la realidad, hacer un llamado a la conciencia.

  • ¿Tienen pensado, vos y tu equipo, algún otro proyecto a futuro con una temática similar a La Varsovia?

Sí, claro. Primero, queremos seguir contando y trabajando con La Varsovia y, nuestra idea es, más adelante, crear una compañía estable, en la cual podamos hacer varias obras, como por ejemplo, Las Brujas de Salem, que también abordan este tipo de problemáticas, que demandan un compromiso social grande y una investigación aún mayor también. Entonces sí, siempre estoy en la búsqueda y abierta a nuevos proyectos que convoquen.

  • ¿Cuáles fueron los grandes desafíos que te surgieron cuando pusiste en escena este proyecto?

Creo que el principal, del año pasado, porque ya estamos en la segunda temporada, y hay que tener en cuenta que el año pasado, noviembre y diciembre de 2018, estrenamos la primera temporada, nos encontramos ante la dificultad de autogestionarse, es un proceso super gratificante, pero muy difícil de atravesar. Uno siempre tiene que estar pensando un paso adelante, tenés que estar atacando, y cubriendo diferentes frentes, y en un principio, durante el año pasado, fuimos las cabezas del grupo, Cecilia, Bela, y yo, y ese fue el mayor desafío. Este año, en cambio, desde la dirección me surgieron varias inquietudes que tenían que ver con la puesta. Veía que había una puesta muy realista, y necesitaba agregarle un contenido un poco más metafórico, más simbólico. Hay temas que son muy difíciles de tratar mediante el realismo, hay temas delicados, temas que quizá requieren una construcción metafórica mayor, y hay temas que directamente no pueden abordarse desde la palabra,y uno necesita un metalenguaje diferente para poder crear el efecto que estamos buscando para el espectador.

«La Varsovia es una historia verdadera que ocurrió a principios del siglo XX y que es muy actual porque habla de la violencia de género, de la trata de personas hacia la Argentina en el medio de las grandes migraciones por eso les recomiendo a todos que vayan a verla» César Brie.

 

EQUIPO ARTÍSTICO

DRAMATURGA

Patricia Suárez

DIRECTORA Mirén Ramondegui

ASISTENTE DE DIRECCION Marina Serruya ELENCO Bela Spatik / Actríz Cecilia Lucero / Actríz Leonardo Pérez / Violinista Nicolás Di Bella / Bandoneonista Artistas invitados Facundo Vallejos / Cantante Gustavo Cazón, el criollo del arrabal / Bailarín ESCENOGRAFIA Y LUCES Eva Córdova Estévez DISEÑO GRAFICO Nicolás Ceraso MAQUILLAJE Camila Acosta PRODUCCION Valeria Ormeño

TEATRO TERCER ACTO – Av. De Mayo 1158 (sábados 20hs) –

ENTRADAS A LA VENTA POR ALTERNATIVA TEATRAL

 

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